AGUERRIDO E INCIERTO, ES EL OFICIO DE POLICÍA

0

María del Carmen afirma que llegar a una comandancia le costó 20 años de arduo trabajo. «No es nada fácil ser incorruptible, honesta y ética, y además amar nuestra labor»: Comandanta.

Fuego cruzado, miedo y muerte, son algunas de las tantas expresiones de violencia que enfrentan día con día María del Carmen Morales Ramos, de 40 años de edad, Comandanta y encargada de Sobrevigilancia y A.J. Delgado Velázquez, de 38 años de edad, Jefe de Área Policial, al desempeñar su labor protegiendo y cuidando de los ciudadanos.

Los prejuicios y señalamientos lo más difícil de sobrellevar de su profesión, señalan, pero siempre con la fiel convicción de ser unos elementos de seguridad que se distingan por su honorabilidad, honestidad y calidad humana.

Las historias de María del Carmen y Delgado Velázquez, tienen algo en común: su vocación infinita por servir al otro. Sus experiencias de vida -aunque dispares-, se encontraron en el camino donde ayudar al prójimo de la manera más leal y eficiente, se convertiría en forma de vida.

María, señala, que su inquietud por pertenecer a las filas de la policía se volvió constante y latente desde que era una adolescente de 16 años, donde, paciente esperó hasta cumplir la mayoría de edad para aplicar el examen y entrar a la academia policial.

Con una voz repleta de carácter y una mirada noble, relata cómo fue para ella el recorrer la vereda de un camino que la llevaría a obtener grandes logros y puestos de importancia dentro de la Dirección General de Seguridad Pública del Estado, DGSPME. “Yo quería ser policía desde muy joven pero mi edad y estatura me lo impedían. Más tarde después de insistir mucho me lo permitieron. Me llamaba mucho la atención el tipo de trabajo que desarrollan dentro de esta dependencia, y sobre todo mis ansias de justicia y el proporcionarle seguridad y cuidado a cualquier individuo me han motivado siempre”.

Para A. J. Delgado, quien posee una personalidad afable, su vocación policial lo llamaría desde las aulas de la carrera de Ingeniería y lo abrazaría tan fuerte, que sin dudarlo, abandonaría el álgebra y la computación, para hacer de los operativos, detenciones y búsqueda de criminales, su historia de vida.

“De niño era mi ilusión ser policía. Entré a la universidad y dejé trunca mi carrera para cumplir mi sueño. Todo comenzó cuando caminaba a mi casa y vi la convocatoria, entonces decidí hacer los trámites a la academia. Tenía 22 años cuando me aceptaron. Desde entonces llevo desempeñándome como policía del Estado un total de 16 años. Ayudar a las personas es la felicidad que me proporciona realizar mi trabajo”.

Después de varias etapas, exigencias y diversas formaciones, ambos se desarrollaron dentro de la academia policial y su encuentro con la realidad de su primer cargo, fue abrumadora, sin embargo recalcan que, ha sido emocionante desempeñar funciones entorno a la seguridad de otras personas.

“Mi primer día, me desempeñé como vigilante de seguridad en las dependencias de gobierno. Pero a pesar de ello siempre me gustó el trabajo que se realiza en los operativos, lamentablemente pasó mucho tiempo para que se me diera la oportunidad de poder realizar algo así, por mi edad. Más tarde y después de mucho esfuerzo formé parte de las filas de la operatividad y aquí estamos con 23 años de servicio”, indicó la comandanta María.

Quien además se enfrentó al rechazo de su familia, porque en su momento le dieron la espalda por completo cuando decidió ser policía. “No tuve el apoyo. Fue necesario salirme de la casa. Ahora sólo vivo con mi hija y es poco el contacto que tengo con mi familia. Ya se acostumbraron y de alguna forma ya respetan mi trabajo”.

Pero eso le basta, porque aunque contenga las lágrimas María, la comandanta, estas experiencias de vida la han forjado hoy como ser humana, pero sobretodo para ser una de los elementos más distintivos de seguridad de San Luis Potosí. “Amo a lo que me dedico y amo cómo hago mi trabajo”.

Por otro lado, para Delgado Velázquez , un legado familiar ya recorría sus venas, pues su padre también se había desempeñado como policía en el estado de Zacatecas y la tragedia de su abuelo militar abatido en función respaldaría el temor de su familia, quien en un principio no apoyaban su decisión de convertirse en un elemento de seguridad. “Al principio mi familia temía al riesgo que significa este trabajo, que me fuera a pasar algo o que peligrara mi vida. También hubo molestias por desertar a mi carrera inicial, pero al final comprendieron que esto es mi vocación y me fascina. Me desenvuelvo en lo que me gusta”.

LOS SESGOS DE LA VIOLENCIA, Y LA HUMANIDAD DETRÁS DE LOS UNIFORMES

El temor a la violencia es algo que la Comandanta María y el Jefe Policial Delgado Velázquez han sabido sortear durante todos estos años de servicio. No obstante, el dolor y el desconsuelo en ocasiones les invade, porque detrás del uniforme azul prusia que portan, hay dos seres humanos que se conduelen de las familias víctimas de la violencia y de sus compañeros abatidos en labor.

ncluso, ahora les es difícil salir a las calles a enfrentarse a una vorágine de crueldad, “como todo, el temor existe y está presente. Lo que nos motiva es saber que nuestra familia nos espera. Uno nunca se acostumbra. Es difícil no pensar en nuestras familias y el dolor que les ocasionaría si alguno de nosotros perdiera la vida”.

“No regresar a casa nos da miedo, pero sabemos que este trabajo así es, sabemos que salimos de casa pero no si vamos a volver”, puntualizaron ambos.

Y es que estar en operatividad conlleva sus riesgos, es enfrentarse a criminales comúnmente organizados, a delincuentes previamente investigados, y que como señala el Jefe Policial, Delgado Velázquez , “Nos enfrentamos a quienes no se tentarían el corazón con tal de salirse con la suya. Ellos tiran a matar”.

A estos admirables elementos de seguridad, les ha tocado esquivar balas, rescatar personas y enfrentarse a las ráfagas de fuego de criminales que buscan dispersarse de su mirada. La impotencia y rabia siempre están presentes, insiste María. No llegar a tiempo y ver a compañeros asesinados en función, atestiguar como se los llevan al hospital o atender llamadas de auxilio donde sin estar en servicio sus compañeros policías le solicitan de apoyo y ayuda resulta difícil. “Muchos no regresan con nosotros, eso es lo más duro”.

Detonaciones de arma de fuego han perseguido su camino, es difícil, reiteran María y A.J. Delgado, pero cuando sacan a los delincuentes de las calles, aunque sea a un simple carterista han cumplido con su trabajo.

La coordinación es un factor importante, y para ello hay que vencer el miedo. “Las recomendaciones son muy necesarias, el apoyo mutuo entre compañeros es indispensable y respaldar al otro es nuestra encomienda. La agresividad de parte de las personas es algo que enfrentamos todos los días, a veces se entiende que le teman a los policías, en ocasiones les abruma nuestra presencia. Desconfían.”

“Pero estamos para ayudarlos y protegerlos. Es nuestro deber tener paciencia y cordura, para poder realizar bien nuestro trabajo. Es difícil compaginar las formas de pensar con los civiles, pero siempre hay un entendimiento que debe ponderar en estas situaciones. En ocasiones hay objetivos criminales en las calles, los vecinos se asustan e incluso hasta familias enteras nos han golpeado. Pero ni siquiera eso debe ser motivo de respuestas violentas de nuestra parte”, refirió la Comandanta María del Carmen.

COMPLEJIDADES DE LA PROFESIÓN Y LA LUZ CEGADORA DE LA ESPERANZA

Para estos dos distintivos elementos de seguridad, el ostentar el cargo que hoy día representan con orgullo les costó vencer varios obstáculos. Para Delgado Velázquez, demostrar su eficiencia entre cientos de miles de elementos hombres, y que consideraran su valía y aptitudes para desempeñarlo fue lo más difícil. Más de diez años de espera, le fueron suficientes para ser Jefe Policial.

“Fue difícil, pero al final después de tantos años de trabajo me han dado la oportunidad y me siento orgulloso de ello. Ha sido un esfuerzo constante, de trabajar bajo un código de ética muy esencial para que hoy pueda estar en donde estoy”.

Para María del Carmen, ser comandanta le requirió además de mucho esfuerzo, templanza. “Fue complicado. El ámbito de la seguridad pública, comúnmente siempre ha sido dominado por los hombres. Fue difícil demostrar lo que valgo y mis capacidades, en ocasiones por ser mujer no te respetan. Como todo, una se topa con el machismo y la desvalorización de tu persona por parte de algunos compañeros, pero con el tiempo demostré que como ellos soy importante y capaz. Llegar a una comandancia me costó más de 20 años de trabajo, pero aquí estoy haciendo lo posible por ser la mejor y demostrando que soy una excelente elemento”.

Hoy María del Carmen, coordina y dirige operativos, tiene bajo su cargo elementos policiales, y es notorio que sus compañeros le respetan. Pero además su fortaleza impone, es una mujer que se distingue entre los demás porque su porte está repleto de valentía y seguridad en sí misma.

Pero como toda historia no todo es malo. El reconocimiento y la admiración que les profesa la población, es algo que les inspira no sólo a ser mejores policías, sino también mejores seres humanos.

“Aún hay niños que nos ven con admiración, hay población que nos cuida y agradece por hacer bien nuestro trabajo. Sabemos que es difícil -entre tanta violencia- que reconozcan nuestra labor, pero día a día nos empeñamos para que la gente lo note. Estar en la calle, cuidarles y proveerles de un ambiente de seguridad es nuestra finalidad”, explicó Delgado Velázquez.

María del Carmen también rescata lo sublime y emotivo de su profesión, y lagrimea un poco al recordar que en muchas ocasiones durante estos 23 años de servicio, ha salvado la vida de muchas personas.

“Lo más reconfortante de nuestro trabajo es cuando estás en acción y la gente que ayudas reconoce tu esfuerzo. Hace tiempo rescatamos a unos jóvenes accidentados en una sierra. Debido a los protocolos de seguridad PC comenzaría el rescate hasta el día siguiente. Nosotros nos adentramos y nos aventuramos a algo desconocido, ya estaba anocheciendo, por ello era indispensable traerlos a casa. Después de horas auxiliamos a las personas y los rescatamos”.

“Una nunca olvida las palabras de gratitud de las personas, que como ellos, al ser rescatados sus palabras de agradecimiento se han quedado permanentes en mi corazón y trabajo, lloro porque a nosotros nos importa la gente, es complicada nuestra profesión y que se tomen el tiempo de tomar en cuenta el esfuerzo que todas y todos hacemos día con día me conmueve. Ser un/a buen policía no es nada fácil, no es fácil ser incorruptible, honesta, y ética. Amamos nuestro trabajo y por eso nos empeñamos en ser las y los mejores ”.

Ciertamente María del Carmen y Delgado Velázquez son policías que, al contrario de lo que pueda pensar todo el mundo, poseen un distintivo compromiso con su labor y por supuesto con la población. El poner por encima de todo sus valores humanos y también los derechos de los otros, les ha permitido llegar hasta donde están; su bondad, amabilidad, responsabilidad y compromiso, les hacen seres humanos que se distinguen por su espíritu de ayuda y servicio.

Header banner